Semana Santa
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Semana Santa
Tras la cuaresma, la Semana de Pasión se vive intensamente cada primavera en Villanueva de los Infantes. Aparte del valor cultural y la belleza artística de esta celebración, la devoción aflora en todo el pueblo. La Semana Santa infanteña aúna influencias de las tradiciones castellana y andaluza, para lograr una manifestación cultural única y especial. Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, un total de seis cofradías realizan su estación de penitencia por las calles del Conjunto Histórico-Artístico.
Los actos religiosos comienzan la mañana del Domingo de Ramos con la misa y bendición de las palmas, y continúan esa misma tarde con la primera procesión del año, la de la Cofradía de las Palmas. El paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén, popularmente conocido como «el Borriquillo», sale de la Iglesia del Corpus Christi acompañado no solo de los penitentes y cofrades, sino también de cientos de niños y niñas. Además, el colorido de las túnicas de los nazarenos y de las palmas que portan, ofrece una de las imágenes más coloridas y vistosas de la Semana Santa infanteña.
En la noche del Miércoles Santo tiene lugar el solemne Via-Crucis, en el que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús en Pie procesiona con su imagen titular. Esta talla fue donada en el siglo XX por una familia del municipio para su culto en la ermita que lleva su nombre, y que data originalmente del siglo XVI.
Jueves Santo, la "Madrugá" infanteña
Al caer la tarde de Jueves Santo inicia su recorrido la Cofradía de la Santísima Vera-Cruz, desde la Iglesia de la Santísima Trinidad. La imponente talla de Nuestro Padre Jesús Restacado, de autor desconocido, está muy influenciada por la escuela andaluza de imaginería barroca; y su culto en Villanueva de los Infantes está documentado desde 1725. Su salida, entre dos luces, es una de las estampas más bellas de la Semana Santa infanteña. Igual emoción suscita el «encierre» tras la estación de penitencia, cuando las dos imágenes titulares de la cofradía, Nuestro Padre Jesús Rescatado y la Santísima Virgen de los Dolores, sobre los hombros de los portadores, realizan juntas el último tramo hasta la Iglesia de la Trinidad, acompasadas al son de las cornetas y tambores.
Las tres cofradías del Viernes Santo
El Viernes Santo se inicia con la procesión de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad, dos imágenes titulares del escultor sevillano Antonio Illanes Rodríguez. La influencia de la tradición sevillana en la estación de penitencia se refleja también en el hecho de que los tronos de los dos titulares son portados a costal.
Especialmente recomendables son «los encuentros» que se producen entre las imágenes a lo largo de la procesión. El primero tiene lugar en la Plaza de la Santísima Trinidad, escenificando el pasaje bíblico en el que la Santa Faz de Cristo queda impresa en el paño con el que la Verónica le limpia el rostro. Para representar la escena, los portadores y portadoras de la imagen la inclinan sobre el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, logrando un impactante efecto visual. En su regreso de la procesión a la Iglesia de Santo Domingo se produce el segundo encuentro, esta vez entre los dos titulares de la Cofradía, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. Ambas imágenes se miran frente a frente en la Plaza de San Juan, junto antes del “encierre”.
Por la tarde llega el turno de la Muy Ilustre y Real Cofradía del Santísimo Cristo de Jamila, cuyo desfile procesional se caracteriza por la sobriedad y naturalismo de su imaginería, y la solemnidad barroca de su estación de penitencia. Destaca la talla del Santísimo Cristo de Jamila, un crucificado de la Escuela de Imaginería de Olot adquirida en 1942, que procesiona en el paso del «Calvario» junto a las imágenes de los dos ladrones crucificados junto al Señor, Dimas y Gestas. Mención merece también el conjunto escultórico de «La Lanzada», por ser una de las pocas manifestaciones de este pasaje de la Pasión en la provincia de Ciudad Real.
Cierra el Viernes Santo la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Sepulcro, que pone sobre los hombros de los costaleros el Santo Entierro de Cristo al son de las cornetas y tambores que rompen el silencio de la noche.
Finalmente, en la mañana del Domingo de Resurrección desfilan los miembros todas las cofradías tanto de Pasión como de Gloria que forman parte de la Parroquia de San Andrés Apóstol, portando las túnicas e insignias propias de cada una de ellas; tras la imagen triunfal de Cristo Resucitado.