RUTA LITERARIA NOCTURNA

Villanueva de los Infantes

Miguel de Cervantes

Casa de Rueda

La Frase

“En un Lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

Don Quijote enfrascado en sus novelas de caballería. Grabado de Gustave Doré (1863).

No había mejor comienzo para la Senda de las Musas que el que posiblemente sea el más genial y célebre inicio de la literatura universal.

La cita corresponde a las primeras líneas de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, cuya primera edición data de 1605.

Ya en estas primeras palabras, Cervantes nos presenta audazmente a su inmortal personaje. Nos dice que era «un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua», o lo que es lo mismo, que era un nostálgico de la época de las grandes hazañas y gestas caballerescas. 

También que tiene un «rocín flaco», el pobre Rocinante, lo que delata que Alonso Quijano es un hidalgo venido a menos que no puede permitirse un mejor corcel. Y su «galgo corredor» nos delata su afición por la caza.

Si continuáramos leyendo, Cervantes nos contaría otros rasgos de la personalidad de Don Quijote, de su hacienda, su familia… y también cómo acabó por volverse loco tras enfrascarse en sus novelas de caballería.

El Autor

Miguel de Cervantes Saavedra

Retrato de Miguel de Cervantes, por Fernando Selma (1791).

Miguel de Cervantes Cortinas (siendo estos los apellidos de su padre y su madre) nació en Alcalá de Henares en 1547, posiblemente el día 29 de septiembre (día de San Miguel).

Durante su juventud se aficionó al teatro, y aunque se cree que no tuvo estudios universitarios, en Madrid asistió al Estudio de la Villa, regentado por el catedrático de gramática y filoerasmista Juan López de Hoyos.

En su regreso a España de un viaje por varias cuidades de Italia —cuyo motivo pudiera ser el exilio por algún delito cometido—, es capturado por una flotilla turca y llevado a cautiverio a Argel, un hecho que le marcaría de por vida.

Intentó escapar en cuatro ocasiones, todas infructuosas, hasta que es liberado cinco años después de su captura gracias a padres mercedarios y trinitarios. A raíz de este cautiverio se cree que Miguel de Cervantes adopta el apellido Saavedra, puesto que «shaibedraa» en dialecto árabe-magrebí significa «manco».

A su vuelta a España comienza realmente su carrera de escritor. Tras varios intentos fallidos de publicación y un matrimonio que tan sólo dura dos años, empieza a ejercer de comisario de provisiones. Cervantes recorre la ruta entre Madrid y Andalucía que queda reflejada en su novela Rinconete y Cortadillo, pasando también por Toledo y La Mancha.

Sin embargo, una disparidad en los libros de cuentas le hace entrar en prisión, donde comienza a «engendrar» El Quijote. Por estas fechas empieza también su carrera como dramaturgo, destacando especialmente el género del entremés.

Finalmente, en 1605, con la publicación de su obra magna, Cervantes se convierte en un pionero del realismo como estética literaria y creó el género literario de la novela moderna, la novela polifónica, de amplísimo influjo posterior.

Miguel de Cervantes fallece en Madrid el 22 de abril de 1616, siendo enterrado al día siguiente; un año después de la publicación de la segunda parte del Quijote

El Lugar

La Casa de Rueda

Recreación de la Biblioteca del Quijote en la Casa de Rueda de Villanueva de los Infantes.

Cuando Cervantes situó el inicio de su novela “en un Lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, dejó una de las mayores incógnitas de nuestra literatura.

Tras cuatro siglos de enigma, en 2005, un estudio multidisclipinar llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid y dirigido por el catedrático Francisco Parra Luna determinó que el «Lugar de La Mancha» de Cervantes no era otro que Villanueva de los Infantes.

En torno a este descubrimiento, la Casa de Rueda, una histórica casona del del siglo XIX, es hoy un Centro de Interpretación que incluye el primer Museo Científico del Mundo sobre «el Lugar de La Mancha».

Este museo alberga una recreación de los aposentos de Alonso Quijano, aquellos donde perdió el juicio con sus novelas de caballerías, una exposición de ejemplares destacados de la colección cervantina de la Biblioteca Municipal, y los 16 hechos verificables que llevaron a los investigadores a la conclusión de que Villanueva de los Infantes es «el Lugar de La Mancha».

Lope de Vega

Casa de los Estudios

La Frase

“De hoy más, porque la envidia no se atreva,

pues Jiménez Patón enseña y prueba,

que están en su retórica difusas, llámese Villanueva de las Musas,
y no de los Infantes Villanueva.”.

El Parnaso, de Nicolas Poussin (1630, Museo del Prado).

El ‘Laurel de Apolo» de Lope de Vega es un poema compuesto de 6875 versos dispuestos en diez silvas. Se presenta como la crónica o memorial de lo sucedido en las Cortes convocadas por la Fama en el Parnaso.

En el desfile hacia la cumbre del monte Helicona concurre gran número de ingenios, y la voz narrativa de Lope enumera, califica y define modalidades líricas; realzando textos de más de trescientos escritores, casi todos poetas de la época; trazando un gran mapa de referencias literarias, históricas y míticas.

En la Silva Cuarta, Lope menciona de esta manera a Bartolomé Jiménez Patón, alabando ya de paso a Villanueva de los Infantes como foco cultural y espiritual del Siglo de Oro. La cita completa dice así:

De hoy más, porque la envidia no se atreva,
pues Jiménez Patón enseña y prueba
que están en su retórica difusas,
llámese Villanueva de las Musas,
y no de los Infantes Villanueva.
Las figuras confusas
antes de su elocuencia,
con el sol de su ingenio y de su ciencia
tan claros manifiestan sus secretos,
que le deben colores y concetos
cuantas plumas escriben
y en la docta región de Apolo viven.
La elocuencia española,
que fluctuaba entre una y otra ola,
puerto agradezca a su valiente pluma,
pues en cualquiera suma
del que no sabe le hallará la nave.
Y para saber más el que más sabe”.

Lope se refiere concretamente a la Elocuencia Española en Arte, una obra de 1604 en la que Jiménez Patón, que ejercía su cátedra en Villanueva de los Infantes, establece un criterio para la retórica y la oratoria. 

Este destacado humanista fue uno de los precursores en escribir una gramática propia sobre la lengua castellana, que ejercería gran influencia en las obras posteriores de autores como Francisco de Quevedo o el propio Lope de Vega.

El Autor

Félix Lope de Vega y Carpio

Retrato de Lope de Vega, por Juan van der Hamen (c. 1628).

Lope de Vega nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562. A los cinco años sabía leer castellano y latín, y ya componía sus primeros versos. Procedente de familia hidalga, estudia en el prestigioso Colegio imperial de los jesuitas, pasando también por la escuela del poeta y músico Vicente Espinel.

Posteriormente ingresa en el Colegio de los Manriques de la Universidad de Alcalá, pero su conducta desordenada y mujeriega le hace poco apto para el sacerdocio. Sus altos protectores dejan de costearle los estudios y Lope pasa a alistarse en la Marina, a las órdenes de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

Pasa cuatro años junto a su primer gran amor, Elena Osorio, la ‘Filis’, ‘Zaida’ y ‘Dorotea’ de sus textos. Pero cuando ella, por conveniencia, contrajo relación con un noble aristócrata; Lope empezó a difamarla en sus obras. Por ello fue condenado a un destierro de ocho años de la Corte y dos del reino de Castilla.

En ese tiempo se asienta en Valencia y Toledo, junto a con Isabel de Urbina, la “Belisa” de alguno de sus poemas; a quien previamente había raptado con su consentimiento y contraído con ella un matrimonio por poderes. 

Cumplido el destierro, y habiendo fallecido su esposa y dos de sus hijas, Lope regresa a la Corte en 1595. Allí se casa por conveniencia con Juana de Guardo, mientras recorre el sur de la Península con su amante Micaela de Luján, con quien acabaría contrayendo matrimonio.

Para cuando se instala definitivamente en Madrid, en 1610, había escrito ya casi 500 obras, según afirmaba en El Arte nuevo de hacer comedias. Aún estarían por llegar, sin embargo, algunas de sus obras más célebres, como La dama boba, El perro del hortelano y El caballero de Olmedo.

En 1614 se ordena sacerdote, pero Lope no tarda en volver a enamorarse. Marta de Nevares fue su último gran amor, y le devolvió en los años finales de su vida la felicidad que le había arrebatado la pérdida de varios de sus hijos. Tuvo quince descendientes entre legítimos e ilegítimos.

Lope de Vega murió el 27 de agosto de 1635. Su funeral llegó a durar nueve días y motivó elegías de doscientos poetas de toda España. 

El Lugar

La Casa de los Estudios

Patio de la Casa de los Estudios, la Escuela de Gramática de Villanueva de los Infantes.

La Casa de los Estudios, entre otras instituciones y personajes de la época, convirtió a Villanueva de los Infantes en el foco espiritual y artístico del Renacimiento y Barroco manchegos. También llamado Colegio Menor, en esta escuela de gramática impartía su cátedra el humanista Bartolomé Jiménez Patón, alabado por Lope de Vega en su Laurel de Apolo.

Jiménez Patón fue de los precursores en escribir una gramática propia sobre la lengua castellana, que ejercería gran influencia en las obras de autores de la talla de Lope o Francisco de Quevedo, ambos pertenecientes al destacado círculo de humanistas que floreció en torno a la escuela de la Casa de los Estudios.

Otro personaje vinculado a este grupo fue Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres, gobernador del Campo de Montiel y traductor de la primera versión en castellano de la Utopía de Tomás Moro, realizada en Villanueva de los Infantes en 1637, y con aprobaciones de Quevedo y Jiménez Patón.

Si la Casa de los Estudios fue el lugar insigne del Infantes del Siglo de Oro en el mundo académico, la Casa de Comedias hizo lo propio en el ámbito teatral. Alquilada temporalmente por compañías de cómicos, es de suponer que las obras de Lope se representaran en su patio en numerosas ocasiones hasta su desaparición a principios del siglo XX.  Sin embargo, no hay registros que atestiguen la presencia del Fénix de los Ingenios en Villanueva de los Infantes; más allá de su alusión en el Laurel de Apolo.

Francisco de Quevedo

Convento de Santo Domingo

La Frase

“Yo a días que me encuentro en una celda del convento de Santo Domingo de esta villa. Todos los padres de casa, que tanta merced y caridad me hacen, se admiran de lo mucho que padezco”.

El Parnaso, de Nicolas Poussin (1630, Museo del Prado).

De todas las ingeniosas, satíricas, atrevidas o románticas empedernidas citas que podríamos haber escogido del genial Francisco de Quevedo; rogamos que el lector caminante por la Senda de las Musas nos disculpe por haber seleccionado esta frase tan humilde de un anciano que aguarda el final de sus días.

Quevedo da noticia de su nueva estancia en el Convento de Santo Domingo de Villanueva de los Infantes a su amigo Francisco de Quevedo, apenas unos días tras su llegada, agradeciendo el cuidado con el que lo tratan los frailes dominicos.

El autor tenía una entrañable amistad

De hoy más, porque la envidia no se atreva,
pues Jiménez Patón enseña y prueba
que están en su retórica difusas,
llámese Villanueva de las Musas,
y no de los Infantes Villanueva.
Las figuras confusas
antes de su elocuencia,
con el sol de su ingenio y de su ciencia
tan claros manifiestan sus secretos,
que le deben colores y concetos
cuantas plumas escriben
y en la docta región de Apolo viven.
La elocuencia española,
que fluctuaba entre una y otra ola,
puerto agradezca a su valiente pluma,
pues en cualquiera suma
del que no sabe le hallará la nave.
Y para saber más el que más sabe”.

Lope se refiere concretamente a la Elocuencia Española en Arte, una obra de 1604 en la que Jiménez Patón, que ejercía su cátedra en Villanueva de los Infantes, establece un criterio para la retórica y la oratoria. 

Este destacado humanista fue uno de los precursores en escribir una gramática propia sobre la lengua castellana, que ejercería gran influencia en las obras posteriores de autores como Francisco de Quevedo o el propio Lope de Vega.

El Autor

Félix Lope de Vega y Carpio

Retrato de Lope de Vega, por Juan van der Hamen (c. 1628).

Lope de Vega nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562. A los cinco años sabía leer castellano y latín, y ya componía sus primeros versos. Procedente de familia hidalga, estudia en el prestigioso Colegio imperial de los jesuitas, pasando también por la escuela del poeta y músico Vicente Espinel.

Posteriormente ingresa en el Colegio de los Manriques de la Universidad de Alcalá, pero su conducta desordenada y mujeriega le hace poco apto para el sacerdocio. Sus altos protectores dejan de costearle los estudios y Lope pasa a alistarse en la Marina, a las órdenes de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

Pasa cuatro años junto a su primer gran amor, Elena Osorio, la ‘Filis’, ‘Zaida’ y ‘Dorotea’ de sus textos. Pero cuando ella, por conveniencia, contrajo relación con un noble aristócrata; Lope empezó a difamarla en sus obras. Por ello fue condenado a un destierro de ocho años de la Corte y dos del reino de Castilla.

En ese tiempo se asienta en Valencia y Toledo, junto a con Isabel de Urbina, la “Belisa” de alguno de sus poemas; a quien previamente había raptado con su consentimiento y contraído con ella un matrimonio por poderes. 

Cumplido el destierro, y habiendo fallecido su esposa y dos de sus hijas, Lope regresa a la Corte en 1595. Allí se casa por conveniencia con Juana de Guardo, mientras recorre el sur de la Península con su amante Micaela de Luján, con quien acabaría contrayendo matrimonio.

Para cuando se instala definitivamente en Madrid, en 1610, había escrito ya casi 500 obras, según afirmaba en El Arte nuevo de hacer comedias. Aún estarían por llegar, sin embargo, algunas de sus obras más célebres, como La dama boba, El perro del hortelano y El caballero de Olmedo.

En 1614 se ordena sacerdote, pero Lope no tarda en volver a enamorarse. Marta de Nevares fue su último gran amor, y le devolvió en los años finales de su vida la felicidad que le había arrebatado la pérdida de varios de sus hijos. Tuvo quince descendientes entre legítimos e ilegítimos.

Lope de Vega murió el 27 de agosto de 1635. Su funeral llegó a durar nueve días y motivó elegías de doscientos poetas de toda España. 

El Lugar

La Casa de los Estudios

Patio de la Casa de los Estudios, la Escuela de Gramática de Villanueva de los Infantes.

La Casa de los Estudios, entre otras instituciones y personajes de la época, convirtió a Villanueva de los Infantes en el foco espiritual y artístico del Renacimiento y Barroco manchegos. También llamado Colegio Menor, en esta escuela de gramática impartía su cátedra el humanista Bartolomé Jiménez Patón, alabado por Lope de Vega en su Laurel de Apolo.

Jiménez Patón fue de los precursores en escribir una gramática propia sobre la lengua castellana, que ejercería gran influencia en las obras de autores de la talla de Lope o Francisco de Quevedo, ambos pertenecientes al destacado círculo de humanistas que floreció en torno a la escuela de la Casa de los Estudios.

Otro personaje vinculado a este grupo fue Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres, gobernador del Campo de Montiel y traductor de la primera versión en castellano de la Utopía de Tomás Moro, realizada en Villanueva de los Infantes en 1637, y con aprobaciones de Quevedo y Jiménez Patón.

Si la Casa de los Estudios fue el lugar insigne del Infantes del Siglo de Oro en el mundo académico, la Casa de Comedias hizo lo propio en el ámbito teatral. Alquilada temporalmente por compañías de cómicos, es de suponer que las obras de Lope se representaran en su patio en numerosas ocasiones hasta su desaparición a principios del siglo XX.  Sin embargo, no hay registros que atestiguen la presencia del Fénix de los Ingenios en Villanueva de los Infantes; más allá de su alusión en el Laurel de Apolo.